Cara o sello
Caminaba por esos caminitos de maicillo que brillan naranjos por las noches, ahí en el Paraque Forestal, con una suave brisa que primero me helaba los pómulos y después encalidecía mi corazón. Fue caminando por un rumbo incierto hasta un destino desconocido, ya saben; esas típicas caminatas gratuitas que uno toma para despejar la mente o alivianar el espíritu, cuando me encontré cara a cara con un sombrío personaje que no me quizo dar su nombre, y era lo único que no me quizo dar, porque la generosidad de este personaje a cambio de mi mísera alma, era sorprendente.
Sentados en una mesa impecable, devorábamos elegantemente unas terrinas de cordero y jabalí, con salsa de ostras y maracuyá, un plato especialmente preparado para nosotros.
Recordé, entonces, las lecciones de religión de mi colegio y las eternas horas leyendo el gran libro, donde me enseñaron que, no importa lo bueno que seas, siempre por un pecado tan nimio como decir "mierda" estarás en tela de juicio cuando llegue tu muerte, ad portas de pasar una eternidad en dicha plena e infinita, o en torturas inimaginables entre lenguas de fuego y escupos en la cara. Ante la reflexión aterradora que me propiné, decidí poner la importante desición de entregar mi alma por adelantado a la única variable que no se alterará jamás en todo el universo... a ese principio misterioso que la ciencia no puede explicar... a esa fuerza vital que define casi todas los grandes cambios en la escala evolutiva: la suerte.
Cara, le vendo mi alma. Sello, no.
El demonio seguía insistiendo, ofreciéndome los mayores paraísos que se pudiesen relatar por toda mi vida. Riquezas inconmensurables, mujeres por doquier y todos los excesos que quiera darme, porque voy a tener como costearlos. "Puedes vivir como rey... en el fondo, ambos sabemos que terminaremos juntos a la larga"... y la idea cobrara cierto sentido lógico; si analizaba mi vida y veía las razones por las cuales la gente se va al infierno, entonces estoy condenado desde hace mucho tiempo... ¿por qué vivr al tres y al cuatro lo que me queda de vida, si seré miserable también toda la eternidad?
Cara, le vendo mi alma. Sello, no.
"Es pura publicidad, tú eres publicista y lo sabes... cuando algo te sale mal, Él actúa de formas misteriosas, cuando algo sale bien es gracias a SU intervención". Tantos años aprendiendo que en la vida nada es gratias, que todas las promociones son mentira, que la publicidad es engañosa y ha manipulado absolutamente todo desde que comenzó. Se notaba que este caballero de la noche sabía muy bien la función del marketing en la religión... y pasamos varios minutos discutiendo un análisis FODA sobre las ventajas y desventajas de irse al infierno, las conclusiones a las que llegamos fueron impresionantes, incluso me dejó ver un catálogo que tiene con convenios para aquellas personas que hayan trabajado en tabacaleras... ¡se sorprenderían la cantidad de beneficios que tiene! ¡Incluso lubricante!
Cara, le vendo mi alma. Sello no.
Me invitó un trago. Nos sentamos... el calor era insoportable, y los gritos desesperados de un pobre diablo apenas me dejaban conversar con mi malévolo interlocutor. "Sí, sí... todos sabemos que ganó el Colo", le dijo al borracho de mierda, mientras se abanicaba. Incluso para él, este bar estaba demasiado encerrado. "Whisky" escosés de 1.560 años. "Eso es imposible", dije yo. "No para mí", dijo él. "Esto debe valer una fortuna", dije yo. "No tiene precio", dijo él. "¿Tienes de esto allá abajo?", dije yo. Él meneó la cabeza en señal afirmativa. "¿Y qué hay de la comida?", preguntó a través mío ese gorumet que vive en mí.
Sentados en una mesa impecable, devorábamos elegantemente unas terrinas de cordero y jabalí, con salsa de ostras y maracuyá, un plato especialmente preparado para nosotros.
El pequeño gourmet me hizo una proposición.
Cara, le vendo mi alma. Sello, no.
De regreso en el parque, mientras caminábamos y discutíamos sobre las repercusiones sociales que tendrá esta crisis económica por la que pasamos, una hermosa mujer de esculturales piernas estaba sentada en una banca de la plaza, sola. Me miraba, me llamó. Dejando de lado a mi compañero de aventuras, me senté a su lado y comenzamos a conversar amenamente, mientras ella y su amiga... ¿no mencioné que andaba con una amiga?... bueno... ahora les confirmo: élla andaba con tres amigas más, y mientras conversábamos, me extendieron la invitación a una pequeña fiesta privada que tendrían más tarde, solo nosotros 5... y todas sus demás amigas, desde luego. Miré a mi acompañante, miré a mis nuevas acompañantes...
Cara, le vendo mi alma. Sello, no.
"Creo que has perdido el tiempo", me dijo. "Vive el resto de tu vida miserable, como mortal y sin gracia, olvidado por Dios, dejado de lado ante el paso de los años", creo que me dijo mientras se desvanecía en una cortina de fuego y humo, dejándome solo, de nuevo parado en medio del Parque Forestal, yendo hacia ninguna parte. Miré hacia abajo, estaba parado sobre un mojón de perro. "Puta que tengo mal cuea", me dije... y me fui.